| La tradición asoció cada uno de los elementos con cuatro de los poliedros regulares de un modo que después Kepler justificaría harto caprichosamente: al tetraedro, por ser el de menor volumen, le emparejó con el fuego por aquello de la sequedad; al icosaedro, por ser el de volumen más grande, con el agua por aquello de la humedad; al cubo, por ser el que se asienta más fácilmente, con la tierra; mientras que al Octaedro, por girar al sujetarlo por vértices opuestos, con el aire. Platón recogería esta tradición y la completaría asociando el quinto poliedro regular, el admirado dodecaedro de los pitagóricos, con la materia constituyente del universo, la famosa quinta esencia. Desde entonces a los poliedros regulares se les conoce también como sólidos platónicos. link | |