(...) Exactamente en el mismo espíritu, Ibn 'Arabî encuentra una muy pintoresca descripción de esta «perplejidad» en un versículo coránico (II, 200) que relata cómo Al-lâh juega con los malvados que intentan en vano seducirlo y engañarlo, y con los que creen sinceramente en Él. Una absoluta oscuridad se extiende sobre esa gente. De cuando en cuando, retumba un terrorífico trueno, y el centelleo de un rayo «casi les arrebata la vista». Y, «mientras hay luz, caminan; mas, cuando vuelve la oscuridad, se detienen».
En la interpretación de Ibn 'Arabî, este versículo posee un significado totalmente distinto del que se le da habitualmente. Si bien se limita a citar el versículo, sin dar de él comentario alguno, lo que quiere transmitir mencionándolo resulta evidente por el hecho de que lo aduzca para apoyar su teoría de la «perplejidad». En nombre de su Maestro, al‑Qâshânî lo explica de la siguiente manera:
Este versículo describe la «perplejidad» de esas gentes. Cuando la luz de la Unidad (ahadiyya) se manifiesta, «caminan», es decir que avanzan con el movimiento de Al-lâh; mientras que, cuando se hace la oscuridad a su alrededor, al ocultarse Al-lâh y aparecer en lugar [de la Unidad] el velo de la Multiplicidad, obstruyendo su visión, permanecen inmóviles, sumidos en la «perplejidad».
Esta «perplejidad» adopta necesariamente la forma de movimiento circular. «El hombre sumido en la "perplejidad" describe un círculo», dice Ibn 'Arabî. Así debe ser porque el «caminar» de dicho hombre refleja el círculo mismo de la manifestación divina. Lo Absoluto describe un círculo en el sentido en que parte del estado primordial de Unidad, «desciende» hasta el plano de los seres concretos y se diversifica en multitud de cosas y acontecimientos para, finalmente, volver a «ascender» hasta la ausencia de diferenciación original. El hombre sumido en la «perplejidad» traza el mismo círculo, ya que «camina con Al-lâh, desde Al-lâh y hasta Al-lâh, siendo su movimiento de avance idéntico al del propio Al-lâh».
Este movimiento circular, según observa Ibn 'Arabî, gira alrededor de un eje (qutb) o centro (markaz), que es Al-lâh. Y puesto que el hombre se limita a girar alrededor de dicho centro, su distancia respecto a Al-lâh es siempre exactamente la misma, ya se encuentre en estado de Unidad o de Multiplicidad. En otras palabras, tanto si contempla lo Absoluto en su Unidad primordial o diversificado en un número infinito de cosas concretas, el hombre permanece a la misma distancia de lo Absoluto per se.
Por el contrario, un hombre con la visión velada, incapaz de ver la verdad, es «alguien que avanza por un camino recto». Se imagina a Al-lâh distante, y lo busca a lo lejos. Su propia imaginación lo engaña, y se esfuerza en vano por alcanzar a su Al-lâh imaginario. En su caso, existe una distinción definida entre el «desde» (mín, o sea el punto de partida) y el «hasta» (ilà, es decir la meta final), y la distancia entre ambos puntos es, naturalmente, infinita. Ese hombre imagina el punto de partida muy lejos de sí, y es asimismo imaginaria la distancia que, según cree, lo separa de Al-lâh. Pese a su deseo de aproximarse a Al-lâh, se aleja cada vez más de Él, avanzando infinitamente por el camino recto. link
Zona primaria: pensamiento de unidad
Fecha de modificaci�n: 28/11/2005 02:58
Fecha de creaci�n: 28/11/2005 03:56
Compilador: Celia Gradín