| Resultado de la efervescencia artística que agitó la ciudad de Barcelona en la década de los noventa, el proyecto que dio lugar a E.B.A. vio la luz en 1994, en forma de extravagante ingenio que lanzaba poemas e improperios al desprevenido espectador. Aquella máquina, bautizada castizamente como Juke Box Polipoético, fue el resultado de largas noches de insomnio, tecnología pocomedia y mucha imaginación. Raudales de imaginación que, gracias a un equipo extenso y variopinto, se materializó en un pequeño monstruo de la razón, temperamental y entrañable, que sentó sus reales en el teatro Malic y, posteriormente, en el Mercat de les Flors. La idea, de por sí tan simple, era de una complejidad pasmosa, como lo son todos los comienzos y todas las cosas que valen la pena en esta vida. Un artilugio mecánico, engendro a mitad de camino entre el monstruo de Frankenstein y un CineExin que, por medio de walkmans hábilmente dispuestos, permitía la audición de nueve cortes de poesía y música con sólo apretar un botoncito. Aquel simpático armatoste tuvo una vida efímera, pero fue el origen de un proyecto que, con el correr de los años, se ha convertido en punto de referencia para muchos creadores de nuestra ciudad. Después de aquello, la vida para sus realizadores ya no fue la misma. Atacados por un inusitado afán de experimentación se lanzaron, cual exploradores en las procelosas selvas del Guadalorce, a investigar campos tan fascinantes como la animatrónica, la instalación multimedia o los automatismos. Una pasión que han transmitido a otras personas y que ha devenido en lo que hoy es E.B.A., extraña conjunción de talentos y sueños que, desde un moderno y tecnológico taller de Gepetto, les espera para hacer nacer nuevos Pinochos o lo que ustedes gusten. Accidents Polipoètics |