El punto de arranque de la filosofía de Nicolás de Cusa es la definición de «máximo», que es un axioma. Este concepto de «máximo» no es en el fondo más que un concepto de «infinito» presentado de un modo relativista, pues «máximo» y «mínimo» son relativos en principio. Mayor y menor nos remiten siempre a un término de comparación. En este caso, ese término es el «ser» o la «existencia». Entre los existentes es lógico –pues no todos son iguales– que haya diferentes modos o grados de existir. Suponer entonces que en esa graduación hay dos extremos es perfectamente aceptable. Por este camino llegaríamos a designar en la realidad los dos polos, tan reales como la realidad en la que nos basamos. Inmediatamente se ve que este camino nos llevaría a admitir un máximo relativo y no absoluto. El mayor de los existentes no se ve por qué haya de ser absolutamente máximo, infinito.