Debe haber cuatro elementos por el siguiente razonamiento: las cosas deben tener fuego, puesto que se ven, y tierra, puesto que son materiales; dos cosas necesitan de una tercera para poder ser unidas. Si el universo fuese plano bastaría con un tercer elemento, pero, como tiene profundidad, necesita de otro más para poder hacer esta unión. Así, para unir el fuego y la tierra se precisan otros dos: el aire y el agua. Analizando las propiedades de los elementos y la proporción en la que deben estar en la naturaleza, llega a la conclusión de que los átomos de
fuego son tetraedros, los de
tierra son cubos, los de
aire octaedros y los de
agua icosaedros. Queda una única combinación, el dodecaedro, que lo reserva para el
universo. En la Figura
2 mostramos los dibujos de Kepler basados en esa asociación.